Este es el nombre del protagonista de la historia que me dispongo a relatar. El señor Tuul participó en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y fue el único atleta inscrito por la delegación mongola. Mongolia nunca ha sido un país que aporte muchos deportistas a los juegos y menos aún atletas, principalmente los mogoles participan en lucha greco romana o judo, como veréis, deportes de combate cuerpo a cuerpo. Algo de esperar si tenemos en cuenta que hablamos de los descendientes del mismísimo Gengis Khan.
Pero sigamos con el señor Tuul. Pyambuuguiin estaba inscrito en la maratón, la legendaria prueba de los 42 kilómetros y 195 metros, en la que por cierto el fue el último clasificado. Llegar el último no es nada relevante, en todas las pruebas atléticas los hay, al igual que hay primeros. Pero lo que es realmente interesante es conocer como llega el señor Tuul a competir en la maratón olímpica del 92 y como se resuelve la misma. Pero para ello mejor empecemos por el principio.
Corría el año 1959 cuando nuestro atleta nació en Ullan Bator, desde siempre le gustó el atletismo y corría por placer por la estepa mongola. Pero como podéis imaginar un atleta mongol no puede vivir sólo de su deporte, en realidad es difícil en cualquier parte del mundo, pero más si eres mongol. Así que compaginaba su afición por correr maratones con la profesión de paleta. Pero tuvo la mala fortuna de sufrir un accidente laboral a la edad de 19 años. Según el mismo Tuul, hubo una explosión de en la obra dónde trabajaba y quedó ciego. Tras dos operaciones nuestro amigo Pyambuuguiin seguía ciego. Imaginad si ya es duro correr de por si, pues ahora añadid que estas ciego y vives en Mongolia… efectivamente el señor Tuul dejó de correr, pero siguió con su vida; se casó y tuvo dos hijas.
Recordemos que correrá la maratón de Barcelona y quedará último, así que no perdamos la esperanza. La historia reza que 12 años después del desafortunado incidente el “Aquiles Track Club” ,de Nueva York, se entera de su historia, contacta con él y le envía una invitación para participar en la Maratón de Nueva York. Él les responde que está encantado pero que es ciego, que hace 12 años que no corre y que no entrena. El club, que es parte de la organización de la maratón y que además invierte la mayoría de sus esfuerzos en hacer llegar el atletismo a personas con discapacidades; ya sean físicas o mentales; le insiste y le dice que no hay problema. El club se hará cargo del billete de avión, de la estancia en la ciudad y le pondrá un guía para que pueda correr. Efectivamente el señor Tuul fue a la gran manzana, corrió la maratón y la acabó en algo más de cinco horas, hizo gran parte de la prueba caminando pero recordemos que llevaba 12 años sin correr. Pero la historia no acaba aquí, los señores del “Aquiles Track Club” le tenían otra sorpresa preparada. La sorpresa consistía en un transplantamiento de cornea. Al cabo de cuatro meses Tuul volvió a Nueva York, se sometió a la operación que resultó todo un éxito y pudo ver por primera vez a sus dos hijas de ocho y seis años. Tras todo esto, Pyambuuguiin, está tan agradecido que promete a sus amigos del “Aquiles Track Club” que correrá la maratón en Barcelona y que será olímpico. Para los que no hayáis hecho cálculos: en este punto de la historia estamos en 1991, es decir, exactamente un año antes de los Juegos Olímpicos, así que sólo tiene un año para prepararse.
Finalmente Tuul tomó la salida junto a los demás corredores, pero hay una serie de factores que debemos tener en cuenta para entender las condiciones de su llegada a meta. La maratón olímpica terminaba en el estadio olímpico, se disputaba el último día de los juegos y por último que los corredores de elite tardan entre dos horas y dos horas treinta minutos en recorrerla. Nuestro hombre la terminó en cuatro horas cuarenta y cuatro segundos, es decir, dos horas después del primer clasificado y una hora después del antepenúltimo. A esas horas la ceremonia de clausura de los juegos olímpicos ya había empezado y Tuul no podía entrar al estadio y finalizarla como es debido. Por suerte la organización le preparó una meta alternativa fuera del estadio. Escoltado por seis guardas urbanos en motocicleta y bajo la atenta mirada de cuatro jueces y cinco periodistas, Tuul llegó a la meta y cumplió su promesa de ser olímpico y finalizar la maratón.
Sólo me queda apuntar en favor de Tuul, que de los 112 corredores que tomaron la salida de la prueba ese día, sólo 87 la terminaron.
jueves, 30 de octubre de 2008
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