Hola soy Francisco, Fran. En la televisión, la radio y la contraportada de mi libro dice que soy escritor. La verdad es que no creo que sea más que una persona normal a la que le gusta escribir historias, y lo mejor de todo es que a la gente, vamos mis lectores, les gusta.
Mi historia es sencilla, yo estudiaba derecho y como el derecho romano es un peñazo me distraía escribiendo cuentos. Antes de licenciarme mi entonces actual novia me convenció para enviar una selección de mis cuentos a un par de editoriales.
Las editoriales que no son tontas y saben que hoy en día a la gente le encantan los cuentos, ya que no requieren mucha atención, cómo los programas de cotilleos, decidió publicarme un libro de cuentos llamado: Mejor que el derecho romano.
El éxito me sobrevino joven, dejé de estudiar y me dediqué a la promoción de mi libro. Desde entonces he sobrevivido cómo columnista, tertuliano y recientemente escritor de blogs.
No estoy muy orgulloso de no haber escrito nada más desde la facultad, pero por lo menos es mejor que el derecho romano.
viernes, 2 de octubre de 2009
jueves, 30 de octubre de 2008
Pyambuuguiin Tuul
Este es el nombre del protagonista de la historia que me dispongo a relatar. El señor Tuul participó en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y fue el único atleta inscrito por la delegación mongola. Mongolia nunca ha sido un país que aporte muchos deportistas a los juegos y menos aún atletas, principalmente los mogoles participan en lucha greco romana o judo, como veréis, deportes de combate cuerpo a cuerpo. Algo de esperar si tenemos en cuenta que hablamos de los descendientes del mismísimo Gengis Khan.
Pero sigamos con el señor Tuul. Pyambuuguiin estaba inscrito en la maratón, la legendaria prueba de los 42 kilómetros y 195 metros, en la que por cierto el fue el último clasificado. Llegar el último no es nada relevante, en todas las pruebas atléticas los hay, al igual que hay primeros. Pero lo que es realmente interesante es conocer como llega el señor Tuul a competir en la maratón olímpica del 92 y como se resuelve la misma. Pero para ello mejor empecemos por el principio.
Corría el año 1959 cuando nuestro atleta nació en Ullan Bator, desde siempre le gustó el atletismo y corría por placer por la estepa mongola. Pero como podéis imaginar un atleta mongol no puede vivir sólo de su deporte, en realidad es difícil en cualquier parte del mundo, pero más si eres mongol. Así que compaginaba su afición por correr maratones con la profesión de paleta. Pero tuvo la mala fortuna de sufrir un accidente laboral a la edad de 19 años. Según el mismo Tuul, hubo una explosión de en la obra dónde trabajaba y quedó ciego. Tras dos operaciones nuestro amigo Pyambuuguiin seguía ciego. Imaginad si ya es duro correr de por si, pues ahora añadid que estas ciego y vives en Mongolia… efectivamente el señor Tuul dejó de correr, pero siguió con su vida; se casó y tuvo dos hijas.
Recordemos que correrá la maratón de Barcelona y quedará último, así que no perdamos la esperanza. La historia reza que 12 años después del desafortunado incidente el “Aquiles Track Club” ,de Nueva York, se entera de su historia, contacta con él y le envía una invitación para participar en la Maratón de Nueva York. Él les responde que está encantado pero que es ciego, que hace 12 años que no corre y que no entrena. El club, que es parte de la organización de la maratón y que además invierte la mayoría de sus esfuerzos en hacer llegar el atletismo a personas con discapacidades; ya sean físicas o mentales; le insiste y le dice que no hay problema. El club se hará cargo del billete de avión, de la estancia en la ciudad y le pondrá un guía para que pueda correr. Efectivamente el señor Tuul fue a la gran manzana, corrió la maratón y la acabó en algo más de cinco horas, hizo gran parte de la prueba caminando pero recordemos que llevaba 12 años sin correr. Pero la historia no acaba aquí, los señores del “Aquiles Track Club” le tenían otra sorpresa preparada. La sorpresa consistía en un transplantamiento de cornea. Al cabo de cuatro meses Tuul volvió a Nueva York, se sometió a la operación que resultó todo un éxito y pudo ver por primera vez a sus dos hijas de ocho y seis años. Tras todo esto, Pyambuuguiin, está tan agradecido que promete a sus amigos del “Aquiles Track Club” que correrá la maratón en Barcelona y que será olímpico. Para los que no hayáis hecho cálculos: en este punto de la historia estamos en 1991, es decir, exactamente un año antes de los Juegos Olímpicos, así que sólo tiene un año para prepararse.
Finalmente Tuul tomó la salida junto a los demás corredores, pero hay una serie de factores que debemos tener en cuenta para entender las condiciones de su llegada a meta. La maratón olímpica terminaba en el estadio olímpico, se disputaba el último día de los juegos y por último que los corredores de elite tardan entre dos horas y dos horas treinta minutos en recorrerla. Nuestro hombre la terminó en cuatro horas cuarenta y cuatro segundos, es decir, dos horas después del primer clasificado y una hora después del antepenúltimo. A esas horas la ceremonia de clausura de los juegos olímpicos ya había empezado y Tuul no podía entrar al estadio y finalizarla como es debido. Por suerte la organización le preparó una meta alternativa fuera del estadio. Escoltado por seis guardas urbanos en motocicleta y bajo la atenta mirada de cuatro jueces y cinco periodistas, Tuul llegó a la meta y cumplió su promesa de ser olímpico y finalizar la maratón.
Sólo me queda apuntar en favor de Tuul, que de los 112 corredores que tomaron la salida de la prueba ese día, sólo 87 la terminaron.
Pero sigamos con el señor Tuul. Pyambuuguiin estaba inscrito en la maratón, la legendaria prueba de los 42 kilómetros y 195 metros, en la que por cierto el fue el último clasificado. Llegar el último no es nada relevante, en todas las pruebas atléticas los hay, al igual que hay primeros. Pero lo que es realmente interesante es conocer como llega el señor Tuul a competir en la maratón olímpica del 92 y como se resuelve la misma. Pero para ello mejor empecemos por el principio.
Corría el año 1959 cuando nuestro atleta nació en Ullan Bator, desde siempre le gustó el atletismo y corría por placer por la estepa mongola. Pero como podéis imaginar un atleta mongol no puede vivir sólo de su deporte, en realidad es difícil en cualquier parte del mundo, pero más si eres mongol. Así que compaginaba su afición por correr maratones con la profesión de paleta. Pero tuvo la mala fortuna de sufrir un accidente laboral a la edad de 19 años. Según el mismo Tuul, hubo una explosión de en la obra dónde trabajaba y quedó ciego. Tras dos operaciones nuestro amigo Pyambuuguiin seguía ciego. Imaginad si ya es duro correr de por si, pues ahora añadid que estas ciego y vives en Mongolia… efectivamente el señor Tuul dejó de correr, pero siguió con su vida; se casó y tuvo dos hijas.
Recordemos que correrá la maratón de Barcelona y quedará último, así que no perdamos la esperanza. La historia reza que 12 años después del desafortunado incidente el “Aquiles Track Club” ,de Nueva York, se entera de su historia, contacta con él y le envía una invitación para participar en la Maratón de Nueva York. Él les responde que está encantado pero que es ciego, que hace 12 años que no corre y que no entrena. El club, que es parte de la organización de la maratón y que además invierte la mayoría de sus esfuerzos en hacer llegar el atletismo a personas con discapacidades; ya sean físicas o mentales; le insiste y le dice que no hay problema. El club se hará cargo del billete de avión, de la estancia en la ciudad y le pondrá un guía para que pueda correr. Efectivamente el señor Tuul fue a la gran manzana, corrió la maratón y la acabó en algo más de cinco horas, hizo gran parte de la prueba caminando pero recordemos que llevaba 12 años sin correr. Pero la historia no acaba aquí, los señores del “Aquiles Track Club” le tenían otra sorpresa preparada. La sorpresa consistía en un transplantamiento de cornea. Al cabo de cuatro meses Tuul volvió a Nueva York, se sometió a la operación que resultó todo un éxito y pudo ver por primera vez a sus dos hijas de ocho y seis años. Tras todo esto, Pyambuuguiin, está tan agradecido que promete a sus amigos del “Aquiles Track Club” que correrá la maratón en Barcelona y que será olímpico. Para los que no hayáis hecho cálculos: en este punto de la historia estamos en 1991, es decir, exactamente un año antes de los Juegos Olímpicos, así que sólo tiene un año para prepararse.
Finalmente Tuul tomó la salida junto a los demás corredores, pero hay una serie de factores que debemos tener en cuenta para entender las condiciones de su llegada a meta. La maratón olímpica terminaba en el estadio olímpico, se disputaba el último día de los juegos y por último que los corredores de elite tardan entre dos horas y dos horas treinta minutos en recorrerla. Nuestro hombre la terminó en cuatro horas cuarenta y cuatro segundos, es decir, dos horas después del primer clasificado y una hora después del antepenúltimo. A esas horas la ceremonia de clausura de los juegos olímpicos ya había empezado y Tuul no podía entrar al estadio y finalizarla como es debido. Por suerte la organización le preparó una meta alternativa fuera del estadio. Escoltado por seis guardas urbanos en motocicleta y bajo la atenta mirada de cuatro jueces y cinco periodistas, Tuul llegó a la meta y cumplió su promesa de ser olímpico y finalizar la maratón.
Sólo me queda apuntar en favor de Tuul, que de los 112 corredores que tomaron la salida de la prueba ese día, sólo 87 la terminaron.
jueves, 25 de septiembre de 2008
Anodino
Anodino como su nombre reza es un pueblo en el que nunca pasa nada. Nunca atracan a nadie. Nunca llueve más de lo normal. Nunca hay accidentes en cadena. Nunca se ha derrumbado un edificio. Nunca una mujer ha muerto a manos de su marido, compañero o pareja. Nunca se ha cultivado una hortaliza desproporcionada. Nunca ha descarrilado un tren y nunca se ha descubierto una red de pornografía infantil. Entonces podemos concluir que Anodino es un pueblo aburrido a los ojos de los programas de actualidad que controlan la programación de la tarde.
Por eso en argot televisivo en vez de decir que te quedan dos telediarios, se dice que te van a mandar de corresponsal a Anodino.
Por eso en argot televisivo en vez de decir que te quedan dos telediarios, se dice que te van a mandar de corresponsal a Anodino.
viernes, 19 de septiembre de 2008
ESP
Recorres carreteras en busca de tu destino, pero te cruzas con cosas asombrosas, situaciones que nublan tus sentidos, que saturan tu razón y te convierten en un devorador de paisajes. No puedes dejar de salir e ir tras curvas, parajes, luces, sensaciones que sacien tus ojos. Bajas la ventanilla, respiras hondo y el olor a bosque mojado inunda tu pituitaria amarilla mientras la pituitaria roja se cabrea, irrita y putea. Pero cuando estos efluvios de tierra la saturan se tranquiliza y te deja proseguir. No sabes cuando va a terminar esta carretera, esperas que nunca. Te encanta girar a la derecha y ver cómo tu grande y ancho neumático delantero levanta gotas de agua de un asfalto aún húmedo.
Te lanzas, ya le has cogido de nuevo el truco a frenar en el último instante. Has olvidado a tu novia mojigata que te obligaba a conducir pisando huevos, ella aducía que se mareaba. No lo niegas, debía ser para marearse, pero como te jodía, no hay nada peor que aminorar, a pesar de no ir deprisa. Pero ahora las cosas han cambiado, conduces un coche de verdad, no la mierda heredada de tu madre que solías conducir, cuando tenias la cabeza suficientemente vacía como para ir deprisa por una carretera de montaña.
Tercera a fondo, se acerca una curva, parece fuerte, frenas, frenas un poco más, metes segunda y desembragas, has invadido el carril contrario, la quieres trazar bien, metes el morro en la curva, estas a mitad de ella y adivinas la salida de la misma y una recta, en la que crees que meterás hasta cuarta. Abres gas, con suavidad pero decisión, todo bien, el motor sube bien, pero entonces ves como un chivato de un color amarillento se enciende encima de la aguja del tacómetro. El pictograma te advierte que ha tenido que encender no sé que mierda de control de tracción. Acabas de dar gas, metes tercera, hasta que la aguja se enfila hasta las siete mil revoluciones, ya entrada la zona roja, y en el momento de meter cuarta aprovechas para desactivar el control de tracción. Hoy no vamos a mirar la media de consumo, vamos gastar los neumáticos y fatigar los musculosos frenos del coche.
En un ataque de sensatez, bajas el parasol y miras la tarjeta del taller, que dice que debes hacer tu próxima revisión a los 35.000 km, miras el odómetro y ves que aún faltan 13.000 km para la revisión, piensas aceite nuevo, vamos a darle candil. Se acerca la próxima curva, frenas otra vez sin ningún tipo de piedad, notas cómo poco a poco el asfalto se va secando, debido a los rayos de sol que penetran a través de las ramas de los plataneros que antiguamente custodiaban las carreteras nacionales. Estas en la curva, esta es rápida, la pasas en tercera, abres gas, tendrías que meter cuarta pero la proximidad de la siguiente curva sólo te deja levantar el pie levemente, dejar al coche bajar mil revoluciones y a media curva volver a abrir gas. Te acercas a un giro a la derecha, frenas, frenas, metes segunda, levantas tu pié izquierdo el motor ruge súbitamente, y sigue ronroneando hasta que decides pisar con el pié derecho con fuerza, diría que casi de forma desalmada, la suela de tus zapatillas se hunde en la moqueta, el chivato del control de tracción se vuelve loco pero no actúa, recuerda que lo has desactivado. Las ruedas traseras animadas por el húmedo suelo, giran y giran, un fino hilo de humo blanco se desprende del centro de la goma, ves como el culo de tu coche empieza a adelantarse, te animas y contra volanteas dando más gas aún. Te crees un dios de la conducción pero sólo eres un imbécil en un coche caro. La siguiente curva es a izquierdas, dejas gas, giras el volante de forma brusca y metes el tren trasero de tu coche en el lugar correcto y das más gas. Pero como he dicho, eres un imbécil en un coche caro, y no tienes ni puta idea de conducir. Finalmente las ruedas traseras pasan a ser las delanteras y otras vez las traseras y con el coche a medio trompear encuentras la zanja que separa el negro asfalto de la cuneta. Tu coche se engancha y cae por un barranco.
Como he dicho eres un imbécil con un coche caro, que además incumplió la promesa que hizo a su ya exnovia de dejar de fumar si se compraban el descapotable con el que soñabas desde hace más de 10 años. Y no has recordado abrocharte de nuevo el cinturón tras estirarte de tu asiento de piel y alcántara para alcanzar los cigarrillos que guardas en la guantera.
Yaces encima de una zarza, no consigues ver cómo ha quedado tu coche. Pero rápidamente te empieza a doler la pierna derecha, la pierna que te ha llevado hasta aquí. No puedes incorporarte, te duele todo el cuerpo, inclinas tu cabeza hacía atrás y ves el firme por dónde venias, calculas que está a unos 10 metros encima de ti, pero te equivocas en el calculo, en realidad y como dirá en el atestado de los mossos d’esquadra has caído por un terraplén de 5,36 metros. Buscas tu teléfono, no está en tu bolsillo, como siempre, y recuerdas que lo cambiaste por el paquete de cigarrillos para no oírlo más, tu ennovia no dejaba de llamar.
Oscurece y escuchas por enésima vez el tono de tu móvil, desesperas y ves claro que lo tienes muy negro. Sabes que morirás aquí sólo y sucio. Te consuela, en tu cutre y espinoso lecho de muerte, pensar en las lágrimas que derramarán por ti tus seres queridos, tus amigos y tu ex novia. Lamentas haberla dejado, te gustaría tirar atrás y que estuviera en el coche para decirte que aminorases. Y tu último pensamiento antes de expirar será para preguntarte quién y cómo informará a todos los que has imaginado en tu funeral.
Te lanzas, ya le has cogido de nuevo el truco a frenar en el último instante. Has olvidado a tu novia mojigata que te obligaba a conducir pisando huevos, ella aducía que se mareaba. No lo niegas, debía ser para marearse, pero como te jodía, no hay nada peor que aminorar, a pesar de no ir deprisa. Pero ahora las cosas han cambiado, conduces un coche de verdad, no la mierda heredada de tu madre que solías conducir, cuando tenias la cabeza suficientemente vacía como para ir deprisa por una carretera de montaña.
Tercera a fondo, se acerca una curva, parece fuerte, frenas, frenas un poco más, metes segunda y desembragas, has invadido el carril contrario, la quieres trazar bien, metes el morro en la curva, estas a mitad de ella y adivinas la salida de la misma y una recta, en la que crees que meterás hasta cuarta. Abres gas, con suavidad pero decisión, todo bien, el motor sube bien, pero entonces ves como un chivato de un color amarillento se enciende encima de la aguja del tacómetro. El pictograma te advierte que ha tenido que encender no sé que mierda de control de tracción. Acabas de dar gas, metes tercera, hasta que la aguja se enfila hasta las siete mil revoluciones, ya entrada la zona roja, y en el momento de meter cuarta aprovechas para desactivar el control de tracción. Hoy no vamos a mirar la media de consumo, vamos gastar los neumáticos y fatigar los musculosos frenos del coche.
En un ataque de sensatez, bajas el parasol y miras la tarjeta del taller, que dice que debes hacer tu próxima revisión a los 35.000 km, miras el odómetro y ves que aún faltan 13.000 km para la revisión, piensas aceite nuevo, vamos a darle candil. Se acerca la próxima curva, frenas otra vez sin ningún tipo de piedad, notas cómo poco a poco el asfalto se va secando, debido a los rayos de sol que penetran a través de las ramas de los plataneros que antiguamente custodiaban las carreteras nacionales. Estas en la curva, esta es rápida, la pasas en tercera, abres gas, tendrías que meter cuarta pero la proximidad de la siguiente curva sólo te deja levantar el pie levemente, dejar al coche bajar mil revoluciones y a media curva volver a abrir gas. Te acercas a un giro a la derecha, frenas, frenas, metes segunda, levantas tu pié izquierdo el motor ruge súbitamente, y sigue ronroneando hasta que decides pisar con el pié derecho con fuerza, diría que casi de forma desalmada, la suela de tus zapatillas se hunde en la moqueta, el chivato del control de tracción se vuelve loco pero no actúa, recuerda que lo has desactivado. Las ruedas traseras animadas por el húmedo suelo, giran y giran, un fino hilo de humo blanco se desprende del centro de la goma, ves como el culo de tu coche empieza a adelantarse, te animas y contra volanteas dando más gas aún. Te crees un dios de la conducción pero sólo eres un imbécil en un coche caro. La siguiente curva es a izquierdas, dejas gas, giras el volante de forma brusca y metes el tren trasero de tu coche en el lugar correcto y das más gas. Pero como he dicho, eres un imbécil en un coche caro, y no tienes ni puta idea de conducir. Finalmente las ruedas traseras pasan a ser las delanteras y otras vez las traseras y con el coche a medio trompear encuentras la zanja que separa el negro asfalto de la cuneta. Tu coche se engancha y cae por un barranco.
Como he dicho eres un imbécil con un coche caro, que además incumplió la promesa que hizo a su ya exnovia de dejar de fumar si se compraban el descapotable con el que soñabas desde hace más de 10 años. Y no has recordado abrocharte de nuevo el cinturón tras estirarte de tu asiento de piel y alcántara para alcanzar los cigarrillos que guardas en la guantera.
Yaces encima de una zarza, no consigues ver cómo ha quedado tu coche. Pero rápidamente te empieza a doler la pierna derecha, la pierna que te ha llevado hasta aquí. No puedes incorporarte, te duele todo el cuerpo, inclinas tu cabeza hacía atrás y ves el firme por dónde venias, calculas que está a unos 10 metros encima de ti, pero te equivocas en el calculo, en realidad y como dirá en el atestado de los mossos d’esquadra has caído por un terraplén de 5,36 metros. Buscas tu teléfono, no está en tu bolsillo, como siempre, y recuerdas que lo cambiaste por el paquete de cigarrillos para no oírlo más, tu ennovia no dejaba de llamar.
Oscurece y escuchas por enésima vez el tono de tu móvil, desesperas y ves claro que lo tienes muy negro. Sabes que morirás aquí sólo y sucio. Te consuela, en tu cutre y espinoso lecho de muerte, pensar en las lágrimas que derramarán por ti tus seres queridos, tus amigos y tu ex novia. Lamentas haberla dejado, te gustaría tirar atrás y que estuviera en el coche para decirte que aminorases. Y tu último pensamiento antes de expirar será para preguntarte quién y cómo informará a todos los que has imaginado en tu funeral.
lunes, 15 de septiembre de 2008
A buenas horas mangas verdes
A Buenas horas mangas verdes es una expresión popular, recogida en el Gran diccionario de las Frases Hechas cómo: locución figurada y familiar con la que se reprocha la inutilidad de algo cuando llega a destiempo. De no ser así la expresión sería: Puntual como los mangas verdes, desbancando a los ingleses del imaginario popular de la puntualidad.
Ahora que sabemos qué quiere decir “a buenas horas mangas verdes” y lo más importante sabemos cómo y cuándo aplicarlo, me pregunto -¿Quiénes son estos mangas verdes?
Para poder poner cara a este colectivo, antes tenemos que retroceder hasta el siglo XV y analizar el contexto. Siglo XV, es decir los años comprendidos entre el 1.401 y el 1.500 de nuestra era, los Reyes Católicos, tan católicos ellos, son quienes parten, reparten y se llevan la mejor parte en una península ibérica recién reconquistada. Por otra parte tenemos la Santa Inquisición, recordemos que la de aquí, la división ibérica, era la más dura e implacable que existió jamás. Y por último tenemos una España llena a rebosar de conversos, pecadores, putas y criminales. Los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, viendo que el tema de los pecados y los pecadores lo tenían solventado con la Santa Inquisición, se pusieron manos a la obra con lo de las putas y los criminales. Entonces crearon un cuerpo de policía rural llamado: Cuadrilla de la Santa Hermandad. No os extrañe que esta policía también fuese santa cómo la inquisición, en esa época lo santo era de lo más, la gente se decía: Si es Santo, debe ser bueno. Otros ejemplos de este fenómeno son las expresiones: como mano de santo, llegar y besar el santo o tener el santo de cara o de espaldas dependiendo de la suerte de cada uno.
Pero volviendo a lo que nos interesa, los cuadrilleros de la Santa Hermandad. Ellos eran los que tenían que velar por la seguridad de los españoles honrados. Los cuadrilleros vestían casaca azul y mangas verdes, y sí como algunos de vosotros estaréis pensado todas las investigaciones apuntan a un sastre daltónico. Pero olvidémonos del modisto acromatópsico y centrémonos en las mangas verdes que les distinguieron y finalmente les hizo inmortales en nuestro repertorio de frases hechas. Y como ya todos habréis deducido la puntualidad y el estar en el lugar oportuno en el momento oportuno no debía ser su punto fuerte.
Antes de despedirme quiero reflexionar sobre las circunstancias que hicieron pasar a la historia a los mangas verdes: un país lleno de criminales y un cuerpo de policía que viste de verde y que destaca por su poca celeridad. Es posible que dentro de muchos años los hijos de los hijos de nuestros hijos digan: “a buenas horas picoletos” cuando se refieran a algo que llega tarde o a destiempo.
Ahora que sabemos qué quiere decir “a buenas horas mangas verdes” y lo más importante sabemos cómo y cuándo aplicarlo, me pregunto -¿Quiénes son estos mangas verdes?
Para poder poner cara a este colectivo, antes tenemos que retroceder hasta el siglo XV y analizar el contexto. Siglo XV, es decir los años comprendidos entre el 1.401 y el 1.500 de nuestra era, los Reyes Católicos, tan católicos ellos, son quienes parten, reparten y se llevan la mejor parte en una península ibérica recién reconquistada. Por otra parte tenemos la Santa Inquisición, recordemos que la de aquí, la división ibérica, era la más dura e implacable que existió jamás. Y por último tenemos una España llena a rebosar de conversos, pecadores, putas y criminales. Los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, viendo que el tema de los pecados y los pecadores lo tenían solventado con la Santa Inquisición, se pusieron manos a la obra con lo de las putas y los criminales. Entonces crearon un cuerpo de policía rural llamado: Cuadrilla de la Santa Hermandad. No os extrañe que esta policía también fuese santa cómo la inquisición, en esa época lo santo era de lo más, la gente se decía: Si es Santo, debe ser bueno. Otros ejemplos de este fenómeno son las expresiones: como mano de santo, llegar y besar el santo o tener el santo de cara o de espaldas dependiendo de la suerte de cada uno.
Pero volviendo a lo que nos interesa, los cuadrilleros de la Santa Hermandad. Ellos eran los que tenían que velar por la seguridad de los españoles honrados. Los cuadrilleros vestían casaca azul y mangas verdes, y sí como algunos de vosotros estaréis pensado todas las investigaciones apuntan a un sastre daltónico. Pero olvidémonos del modisto acromatópsico y centrémonos en las mangas verdes que les distinguieron y finalmente les hizo inmortales en nuestro repertorio de frases hechas. Y como ya todos habréis deducido la puntualidad y el estar en el lugar oportuno en el momento oportuno no debía ser su punto fuerte.
Antes de despedirme quiero reflexionar sobre las circunstancias que hicieron pasar a la historia a los mangas verdes: un país lleno de criminales y un cuerpo de policía que viste de verde y que destaca por su poca celeridad. Es posible que dentro de muchos años los hijos de los hijos de nuestros hijos digan: “a buenas horas picoletos” cuando se refieran a algo que llega tarde o a destiempo.
viernes, 5 de septiembre de 2008
Documento 6
Me he dirigido al Word y le he dado a manzanita “N”(los usuarios de Mac me entenderéis, para los amigos de Bill Gates es Control “N”), un documento nuevo de un blanco inmaculado se ha abierto en mi pantalla de 12 pulgadas. El nombre que por defecto Word ha puesto al archivo es: Documento 6 y así es cómo titularé esta primera entrada. Soy nuevo en esto de escribir un blog, es más diría que soy nuevo en esto de escribir, a pesar que parte importante de mi trabajo es escribir. Pero últimamente, tengo que reconocer, se me han despertado unas ganas inauditas de escribir.
Así que tras pensarlo un tiempo, cómo unos 20 minutos, aprovecharé las oportunidades que me ofrece un blog e intentaré escribir cosas, realmente no tengo mucha idea de que haré. Quizá en un vago intento de reconfortarme o de creer que mi vida importa a alguien escribiré algo parecido a un diario. Digo parecido porqué me conozco, y se que mi vida de por si no es interesante y tengo la decisión de aderezar, aliñar, realzar con ficción, surrealismo y grandes dosis de sexo y drogas la realidad de mi día a día.
Por otra parte no sé si lo que directamente haré será publicar mala y barata narrativa, que seguramente será de ideas pobres con finales previsibles o absurdos que ni a mi me gustarán. Bueno sólo me queda deciros: Bienvenidos.
Así que tras pensarlo un tiempo, cómo unos 20 minutos, aprovecharé las oportunidades que me ofrece un blog e intentaré escribir cosas, realmente no tengo mucha idea de que haré. Quizá en un vago intento de reconfortarme o de creer que mi vida importa a alguien escribiré algo parecido a un diario. Digo parecido porqué me conozco, y se que mi vida de por si no es interesante y tengo la decisión de aderezar, aliñar, realzar con ficción, surrealismo y grandes dosis de sexo y drogas la realidad de mi día a día.
Por otra parte no sé si lo que directamente haré será publicar mala y barata narrativa, que seguramente será de ideas pobres con finales previsibles o absurdos que ni a mi me gustarán. Bueno sólo me queda deciros: Bienvenidos.
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